Composite
Se hace en la consulta
- Se modela directamente sobre el diente, en la misma cita.
- Suele necesitar menos desgaste de esmalte.
- Coge color con el tiempo, aunque se puede pulir.
- Si se astilla, se repara en consulta.
Láminas finas sobre la cara visible del diente, para la forma, el tamaño o un color que no se aclara. Con lo reversible y lo que no, dicho antes.
Un diente astillado, uno más pequeño que su vecino, un hueco que no te gusta o una mancha que el blanqueamiento no levanta. La carilla cubre la cara visible y cambia eso. A cambio, en muchos casos hay que desgastar una capa fina de esmalte, y eso no tiene vuelta atrás.
Ninguno es mejor en abstracto. Esto es lo que cambia entre uno y otro, en la consulta y con los años.
Se hace en la consulta
Se fabrica en laboratorio
En la primera visita vemos cuál encaja en tu caso. Y si hay una opción que no desgaste nada, como el blanqueamiento o la ortodoncia, empezamos por ahí.
Cinco pasos, y el tercero es el importante: ver el resultado simulado sobre tus dientes antes de tocar nada.
Caries, encías y mordida. Y si aprietas los dientes por la noche, eso se trata antes: una carilla sobre un bruxismo sin controlar se astilla.
Forma, tamaño, color, un borde roto o un hueco. Miramos tu cara y tu sonrisa hablando, no solo los dientes de cerca.
Se puede ver una simulación del resultado sobre tus propios dientes antes de tocar nada. Si no te convence, se cambia o no se hace.
Según el caso, se desgasta una capa fina de esmalte. Se dice cuánto, y si esa decisión tiene vuelta atrás o no.
Se cementan, se comprueba cómo muerdes y se pule. Después, una revisión para ver cómo responde la encía.
Cuatro motivos habituales. En todos, antes hay que descartar que se resuelva de forma menos invasiva.
Un borde roto por un golpe o por el desgaste, en un diente que por lo demás está sano.
Piezas que se quedaron cortas o con una forma que nunca te ha gustado.
Cuando es pequeño se puede cerrar con carillas. Si es grande, suele salir mejor con ortodoncia.
Manchas que el blanqueamiento no levanta, como las de antibióticos o una mancha blanca marcada.
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PregúntanosDepende del caso y del material. Hay carillas que necesitan desgastar una capa fina de esmalte y otras que casi no lo tocan. Te decimos cuánto en tu caso antes de empezar, porque el esmalte que se quita no vuelve.
No hay una cifra honesta: depende del material, de tu mordida, de si aprietas los dientes y de cómo cuides la encía. Lo que sí es seguro es que en algún momento hay que revisarlas o cambiarlas. Una carilla no es un tratamiento que se hace y se olvida.
La cerámica apenas. El composite sí coge color con el tiempo, sobre todo con café y tabaco, aunque se puede pulir. Es una de las diferencias que más pesa al elegir material.
Sí, con cabeza. Lo que no conviene es usar los dientes de delante para abrir cosas, morder hielo o cortar alimentos muy duros de un mordisco. Son láminas finas pegadas al diente, no fundas.
Que hay que tratarlo antes o a la vez, normalmente con una férula. Si no, la carilla acaba astillándose. Es terreno de bruxismo y ATM y forma parte del mismo plan.
Te llamamos hoy mismo para encajar el día y la hora que mejor te venga.
Aclara el tono del esmalte sin tocar el diente.
Planificar el conjunto antes de tocar nada: qué hace falta, en qué orden y hasta dónde llegar.
Tu misma sonrisa, en su mejor versión.
Qué son, en qué se diferencian el composite y la cerámica, y qué parte del tratamiento no tiene vuelta atrás.
Láminas finas que se pegan sobre la cara visible del diente para cambiar su forma, su tamaño o su color.
No son fundas: la funda cubre el diente entero y la carilla solo la parte que se ve al sonreír. Por eso se usan en los dientes de delante y por eso, bien indicadas, conservan mucho más diente propio que una corona.
Son el paso siguiente cuando el blanqueamiento no resuelve el problema, porque lo que falla no es el tono sino la forma. Forman parte de los tratamientos de estética dental de la clínica.
Dos materiales con lógicas distintas. Ninguno es mejor en abstracto: depende de tu caso y de con qué te sientas cómoda.
El composite se trabaja directamente sobre el diente, en la propia consulta, y se puede retocar o reparar. Suele necesitar menos desgaste, y a cambio es más poroso: coge color con los años y pide más mantenimiento.
La cerámica se fabrica fuera, en el laboratorio, y por eso necesita al menos dos citas. Es más estable en color, imita mejor la translucidez del diente natural y resiste más, pero si se rompe no se repara: se sustituye.
El esmalte que se desgasta para colocar una carilla no se regenera. Es la parte que hay que entender bien antes de decidir.
A partir de ahí, el diente va a llevar siempre algo encima: cuando una carilla llegue al final de su vida, habrá que ponerle otra, no dejarlo al aire. No es un drama, pero es un compromiso a largo plazo y conviene tomarlo con la información delante.
Por eso preferimos enseñarte antes una simulación sobre tus propios dientes y, si el caso lo permite, plantear primero alternativas que no desgastan: blanqueamiento, ortodoncia o un retoque pequeño de forma.
El borde de una carilla termina justo donde empieza la encía, así que el aspecto final depende de ella tanto como del material.
Si la encía está inflamada o sangra, el margen se ve y el resultado desmerece por muy bien hecha que esté la carilla. Y si con los años se retrae, aparece una línea. Por eso la salud de las encías se revisa antes y se vigila después.
La higiene diaria alrededor del borde y una limpieza profesional al día son, literalmente, lo que mantiene el trabajo bonito.
La clínica está en la Avenida del General Perón 16, a tres minutos del metro de Santiago Bernabéu.
Atendemos de lunes a viernes de 9:30 a 13:00 y de 16:00 a 20:00. La primera visita es gratuita y sirve para ver si las carillas son lo tuyo o si hay un camino menos invasivo que consigue lo que buscas.
Si lo que quieres cambiar es solo el color, mira el blanqueamiento; si son varias cosas a la vez, el diseño de sonrisa ordena en qué orden hacerlas. Cómo llegar, en contacto.