Ortodoncia invisible
Alineadores transparentes que te quitas para comer y para cepillarte.
La primera revisión de la mordida no es para ponerle aparato: es para saber si hace falta. Muchas veces la respuesta es esperar.
En un niño no se mueven solo los dientes: se puede guiar el hueso que los sostiene, y eso solo es posible mientras crece. Por eso una mordida que a los siete años se corrige con un aparato sencillo, en un adulto necesita un tratamiento mucho mayor.
La boca de un niño cambia cada pocos meses. Estas son las etapas en las que conviene echar un vistazo, y qué se busca en cada una.
Salen los primeros molares definitivos y los incisivos. Es cuando se ve si la mordida encaja y si va a haber sitio. La mayoría de las veces solo se vigila.
Caen los de leche y llegan los definitivos. Aquí aparecen las mordidas cruzadas, la falta de espacio y los hábitos que deforman: chuparse el dedo o respirar por la boca.
Ya están casi todos los definitivos y el hueso todavía crece. Es la combinación que más juega a favor, y por eso es cuando más tratamientos se empiezan.
Si queda algo por corregir, se hace con brackets o con alineadores, igual que en un adulto. Y siempre, retenedor al terminar.
Son las edades de revisión habituales, no un calendario de tratamiento: cada niño crece a su ritmo y lo que manda es lo que se vea en la boca.
Cinco pasos, y uno de ellos es explicárselo al niño. En ortodoncia infantil la mitad del resultado depende de que colabore.
Miramos cómo encajan los dientes, si hay sitio para los que faltan por salir y cómo va creciendo la mandíbula.
Si hace falta tratar, radiografía y fotos. En niños se ve además qué dientes vienen y cuándo, que es lo que marca el momento de actuar.
A los padres, qué se va a hacer y por qué. Al niño, en su idioma, qué le vamos a poner y qué va a notar. Un niño que entiende lo que pasa colabora.
El aparato que corresponda a su edad y a su caso: desde uno que guía el crecimiento hasta ortodoncia fija si ya han salido los definitivos.
Revisiones mientras siga creciendo. A veces la mejor decisión en una revisión es no hacer nada todavía y volver a mirar en unos meses.
Si reconoces alguna en tu hijo, conviene una revisión aunque no le duela nada.
Los dientes definitivos salen montados o por detrás de los de leche, que no acaban de caerse.
Al cerrar, los de arriba muerden por dentro de los de abajo, o los de delante no llegan a tocarse.
Duerme con la boca abierta o ronca. Influye en cómo crece la cara y conviene mirarlo pronto.
Chuparse el dedo o el labio, o empujar los dientes con la lengua al tragar, pasados los años en que es normal.
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PregúntanosHacia los seis o siete años, cuando salen los primeros molares definitivos. No es para ponerle aparato: es para ver cómo viene la mordida. Cuanto antes se detecta un problema de crecimiento, más sencillo es el tratamiento.
Para muchos casos sí, y entonces esperamos. Pero hay problemas que dependen del hueso, como una mordida cruzada o una mandíbula que se queda corta, y esos se corrigen mucho mejor mientras el niño crece. Esperar puede convertir un tratamiento sencillo en uno largo.
No. Al colocar el aparato no duele, y los días siguientes nota presión al masticar, como cualquier ortodoncia. Se pasa en dos o tres días con comida blanda.
Es más frecuente con los aparatos que se quitan. Por eso, si vemos que en su caso el tratamiento depende de que se lo ponga y no va a hacerlo, se plantea otra opción. Preferimos decirlo antes que descubrirlo seis meses después.
Revisiones cada pocas semanas para ajustar, que son visitas cortas. Entre medias, la vida normal: colegio, deporte y comer, con las precauciones del aparato que lleve.
Te llamamos hoy mismo para encajar el día y la hora que mejor te venga.
Alineadores transparentes que te quitas para comer y para cepillarte.
La ortodoncia de siempre, hoy más pequeña y más cómoda.
Alineamos tu sonrisa a cualquier edad.
Cuándo llevar al niño por primera vez, qué se mira en cada edad y qué aparatos se usan.
Es la ortodoncia que aprovecha el crecimiento: en lugar de mover solo dientes, guía cómo se desarrollan los huesos que los sostienen.
Eso es algo que únicamente se puede hacer mientras el niño crece. En un adulto, la mandíbula ya está donde está y los problemas de encaje se resuelven de otra manera, a veces con cirugía.
No siempre significa poner un aparato pronto. Muchas veces significa vigilar, y esa vigilancia es la que permite elegir el momento bueno para intervenir. Forma parte de los tratamientos de ortodoncia de la clínica.
Porque a los seis o siete años ya se ve por dónde va la mordida, y todavía queda mucho crecimiento por delante para corregirla.
Una mordida cruzada detectada a esa edad se trata con un aparato que ensancha el paladar en unos meses. La misma mordida cruzada a los veinte años puede necesitar cirugía.
La revisión temprana no adelanta el tratamiento: adelanta la información. Sirve para saber si hay que hacer algo ahora, si hay que esperar o si no hay nada que hacer, que también es una respuesta válida y la más frecuente.
Depende de qué haya que corregir y de cuánto crecimiento queda por delante.
Los hay que ensanchan el paladar para ganar espacio, los que sujetan el sitio de un diente de leche que se ha caído antes de tiempo y los que orientan el crecimiento de la mandíbula. Unos van fijos y otros se quitan.
Cuando ya han salido los definitivos, el tratamiento es el mismo que en un adulto: brackets o alineadores. Muchos niños pasan por las dos fases, con un descanso entre ellas.
Es la parte que se descuida y la que más problemas causa: con aparato se acumula más placa y el esmalte de un niño es más vulnerable.
Cepillado después de cada comida, con supervisión de un adulto hasta que se lo tome en serio. Y cuidado con lo que rompe el aparato: caramelos duros, chicles y morder cosas que no son comida.
Durante el tratamiento conviene una limpieza profesional más seguida de lo habitual, para llegar a donde el cepillo no llega y comprobar que no están apareciendo manchas alrededor de los brackets.
La clínica está en la Avenida del General Perón 16, a tres minutos del metro de Santiago Bernabéu.
Atendemos de lunes a viernes de 9:30 a 13:00 y de 16:00 a 20:00, así que las revisiones se pueden encajar al salir del colegio. La primera visita es gratuita y es la que dice si hay algo que mirar o no.
Al niño le atiende el mismo equipo en todas las citas, que con los críos importa más que con los adultos: reconocer la cara de quien le va a tocar la boca le quita la mitad del miedo. Quiénes somos y cómo llegar, en quiénes somos y en contacto.