Limpieza dental
Higiene profesional cada seis o doce meses.
La primera visita de un niño no es para tratarle nada: es para que salga queriendo volver. A partir de ahí, revisiones cada seis meses.
La mayoría de los adultos que evitan al dentista arrastran una mala experiencia de niños. Por eso la primera visita se plantea al revés de lo que se espera: sin tratamiento, corta y para que conozca el sitio. Lo que se gana ahí dura treinta años.
La revisión dura un rato. El resto del año, sus dientes dependen de lo que pasa en casa, y hay cuatro hábitos que marcan la diferencia.
Hasta que se cepille bien solo, repasa tú después. Dos veces al día, y la de la noche es la que más cuenta.
La cantidad cambia con la edad. En la revisión te decimos cuánta poner y cuál usar.
Importa más cuántas veces que cuánto. Picar entre horas es lo que más caries da.
Si se alargan, empujan los dientes y cambian la mordida. Te decimos cuándo conviene dejarlos.
Y una petición: en casa, ni «no te va a doler» ni «si te portas mal te llevo al dentista». Las dos frases hacen el trabajo más difícil.
Cinco pasos, y ninguno empieza por sentarle en el sillón. Con los niños, el orden importa más que la técnica.
La primera cita empieza sentados y charlando. Si el niño entra en el sillón asustado, lo demás no sirve de nada.
El sillón que sube y baja, la luz, el espejito. Cuando lo ha visto y lo ha tocado, deja de dar miedo.
Una exploración corta: dientes, encías, cómo muerde y cómo van saliendo los definitivos.
A los padres, qué hemos visto y qué toca. Al niño, en su idioma, qué hace bien y qué puede mejorar.
La siguiente cita se plantea antes de que haya un problema. Un niño que asocia el dentista con algo normal es un adulto que va a revisarse.
★★★★★Mi dentista de confianza desde hace años. Gran profesional y amable, no se puede pedir más. Él y su equipo de trabajo son de 10.
★★★★★Muy buen trato y profesionalidad. Puedes confiar en ellos. Toda mi familia acude allí.
★★★★★Llevamos 10 años con él y la confianza en el doctor es absoluta, es un gran profesional. Recomendable al 100%.
Si tu duda no está aquí, llámanos y te la resolvemos por teléfono.
PregúntanosLa recomendación general es al salir las primeras muelas, hacia los dos o tres años. No es para tratarle nada: es para que se acostumbre y para ver cómo va la boca mientras todavía es fácil corregir hábitos.
Sí cuando tienen caries. Se caen, pero mientras están guardan el sitio del definitivo y permiten masticar. Una caries en un diente de leche duele igual y puede afectar al diente que viene debajo.
Se va despacio y en varias visitas. Lo que mejor funciona es que la primera vez no haya nada que hacer, solo mirar. Y ayuda mucho que en casa no se hable del dentista como de un castigo ni como de algo que da miedo.
Cada seis meses es lo habitual en niños: la boca cambia rápido y una caries avanza más deprisa en un diente de leche. En la revisión se mira también cómo van saliendo los definitivos y cómo muerde.
Hacia los seis o siete años, cuando salen los primeros molares definitivos, conviene una revisión de la mordida. Eso ya es ortodoncia infantil y muchas veces la respuesta es esperar y vigilar.
Te llamamos hoy mismo para encajar el día y la hora que mejor te venga.
Higiene profesional cada seis o doce meses.
Caries tratada en una sesión, con composite del color del diente.
Reconstrucción en cerámica cuando queda poco diente sano.
Cuándo llevarle por primera vez, por qué importan los dientes de leche y qué hábitos conviene vigilar.
La atención dental de los niños, desde que salen los primeros dientes hasta que la boca es la de un adulto.
Cambia el paciente y cambia casi todo lo demás: los tiempos son más cortos, las explicaciones son otras y el objetivo de la primera visita no es tratar, sino que el niño entre tranquilo la próxima vez.
También cambia lo que se mira: además de caries, cómo van cayendo los dientes de leche, cómo salen los definitivos y si hay hábitos que estén afectando al crecimiento. Forma parte del bloque de salud dental.
Se van a caer, sí, pero mientras están hacen un trabajo que nadie más hace.
Guardan el espacio del diente definitivo que viene detrás. Si uno se pierde antes de tiempo por una caries, los vecinos se desplazan y el definitivo se queda sin sitio: un problema pequeño se convierte en uno de ortodoncia.
Y duelen igual. Una caries en un molar de leche puede llegar al nervio y dar el mismo dolor que en un adulto, con la diferencia de que el niño a veces no sabe explicarlo.
Cepillado dos veces al día con pasta con flúor, supervisado por un adulto hasta que tenga destreza, y cuidado con la frecuencia del azúcar.
Lo que más caries produce no es la cantidad de azúcar, sino cuántas veces al día entra en la boca. Un zumo a sorbitos durante una tarde hace más daño que un postre.
Hasta los seis o siete años, un niño no tiene la coordinación para cepillarse bien solo: puede empezar él y terminar un adulto. Y el hilo o el cepillo interproximal, en cuanto los dientes se tocan entre sí.
Chuparse el dedo, el chupete más allá de la edad en que es normal, respirar por la boca o empujar los dientes con la lengua al tragar.
Todos ellos pueden ir moldeando la posición de los dientes y la forma del paladar mientras el niño crece. Cuanto antes se detectan, más sencillo es corregir el rumbo.
Detectarlos es parte de la revisión, y cuando hace falta actuar se hace desde la ortodoncia infantil, aprovechando que el hueso todavía está creciendo.
La clínica está en la Avenida del General Perón 16, a tres minutos del metro de Santiago Bernabéu.
Atendemos de lunes a viernes de 9:30 a 13:00 y de 16:00 a 20:00, así que la revisión se puede encajar al salir del colegio. La primera visita es gratuita y, con un niño, suele ser justo eso: una visita para conocernos.
Le atiende el mismo equipo en cada cita, que con los niños cuenta más que con los adultos: reconocer la cara de quien le va a mirar la boca le quita la mitad del miedo. Quiénes somos, en quiénes somos.