Blanqueamiento dental
Aclara el tono del esmalte sin tocar el diente.
No es un tratamiento: es el plan. Qué hace falta, en qué orden y hasta dónde llegar, decidido antes de tocar un diente.
Ir tratando pieza por pieza sale caro: se desgasta esmalte que no hacía falta tocar y se rehacen trabajos porque el color o la posición ya no encajan. El diseño de sonrisa ordena el conjunto y, muchas veces, acaba siendo un plan más corto del que esperabas.
No todos los planes llevan todo. Estas son las piezas posibles y el orden en el que se plantean, de lo que afecta a la salud a lo que solo cambia el aspecto.
Limpieza, caries y encías. Ningún plan estético empieza antes de esto.
Si sangran o se han retraído, se trata antes: el marco de la sonrisa es la encía.
Mover el diente a su sitio suele dar mejor resultado que taparlo, y no gasta esmalte.
El tono se decide antes de fabricar nada: los materiales artificiales no se blanquean.
Para lo que no se arregla moviendo ni aclarando: bordes, tamaño y huecos pequeños.
Si aprietas por la noche, una férula. Es lo que evita que el trabajo se astille.
Si tu caso se resuelve en el segundo paso, el plan termina ahí. No hay nada que «completar».
Cinco pasos, y los dos primeros son escuchar y mirar. El tratamiento viene después, cuando ya sabemos hacia dónde vamos.
Qué es exactamente lo que no te gusta y qué esperas ver. Sin eso, lo demás es adivinar.
Dientes, encías, mordida y cómo se mueve tu cara al hablar y al sonreír. La sonrisa no se diseña sobre una foto quieta.
Te lo explicamos fase a fase: qué entra en cada una y qué puede esperar si prefieres ir poco a poco.
Ver una aproximación del resultado antes de empezar. Es el momento de decir «esto no» y cambiarlo.
Se hace por fases, comprobando en cada una que vamos donde queríamos ir.
★★★★★Mi dentista de confianza desde hace años. Gran profesional y amable, no se puede pedir más. Él y su equipo de trabajo son de 10.
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Si tu duda no está aquí, llámanos y te la resolvemos por teléfono.
PregúntanosNo. Es la planificación de los tratamientos que hagan falta, en el orden correcto. A veces el plan acaba siendo una limpieza y un blanqueamiento; otras incluye ortodoncia y carillas. Lo que cambia respecto a ir pieza por pieza es que se piensa el conjunto antes de empezar.
Una aproximación, sí, y antes de tocar nada. Sirve para decidir con algo delante en vez de con una descripción. No es una foto del resultado final: es una guía de trabajo que además se puede corregir.
No, salvo que haga falta, y rara vez hace falta. El plan empieza siempre por lo menos invasivo. Si con una ortodoncia y un blanqueamiento se consigue lo que buscas, ese es el plan.
Sí, y es lo habitual. Se ordena por fases: primero lo que afecta a la salud, después lo demás. Entre fase y fase puede pasar tiempo, y eso no estropea el plan.
Esa es la intención y por eso miramos tu cara, tu edad y cómo hablas, no un modelo de catálogo. Unos dientes todos iguales y demasiado blancos se ven desde lejos, y no es lo que hacemos.
Te llamamos hoy mismo para encajar el día y la hora que mejor te venga.
Aclara el tono del esmalte sin tocar el diente.
Láminas finas sobre la cara visible del diente, para forma, color o un borde astillado.
Tu misma sonrisa, en su mejor versión.
Qué es en realidad, por qué el orden de los tratamientos cambia el resultado y qué no hacemos.
Un plan: qué tratamientos necesita tu boca para conseguir lo que buscas, en qué orden y con qué alcance.
El término se usa mucho y se entiende poco. No es una técnica ni un producto, y desde luego no es sinónimo de ponerse carillas. Es la fase de pensar antes de tratar, que en estética es justo la que más se salta.
De ahí sale un plan con fases. Puede incluir limpieza, tratamiento de encías, ortodoncia, blanqueamiento o carillas, o solo alguna de esas cosas.
Salud, posición, color y forma. Cambiar ese orden es la causa de la mayoría de los trabajos que hay que rehacer.
Si se colocan carillas sobre dientes mal posicionados, se tapa el problema y se desgasta esmalte que no hacía falta tocar. Si se blanquea después de fabricar una carilla, el color ya no pega. Si no se trata la encía primero, el margen se acaba viendo.
Ordenarlo bien no alarga el tratamiento por gusto: evita repetirlo. Y en muchos casos acorta el plan, porque al llegar al final del tercer paso ya no hace falta el cuarto.
Una aproximación del resultado sobre tus propios dientes, para decidir con algo delante.
Sirve para lo importante: que digas qué no te convence cuando todavía se puede cambiar sin coste. Mucha gente descubre ahí que quería menos cambio del que pedía, y alguna que quería más.
Es una guía, no una promesa: la boca es un tejido vivo y el resultado final depende también de cómo responda la encía. Quien te enseñe una simulación como si fuera una garantía, te está vendiendo algo.
No copiamos sonrisas de fotos, no tratamos dientes sanos sin necesidad y no prometemos resultados.
Una sonrisa que funciona es la que encaja con tu cara, con tu edad y con tu forma de hablar. Copiar unos dientes de una foto da un resultado que llama la atención por lo que no es.
Tampoco desgastamos esmalte sano si hay una vía que no lo necesita, aunque sea más lenta. Y si lo que pides no se puede conseguir en tu caso, te lo decimos en la primera visita, no a mitad del plan.
La clínica está en la Avenida del General Perón 16, a tres minutos del metro de Santiago Bernabéu.
Atendemos de lunes a viernes de 9:30 a 13:00 y de 16:00 a 20:00. La primera visita es gratuita: se mira la boca, se habla de lo que te gustaría cambiar y sales sabiendo qué es razonable esperar y en qué orden se haría.
Todo el plan lo lleva el mismo equipo, en la misma clínica, de la primera revisión a la última. Quién te va a atender está en quiénes somos.